Huir, pensar en dejar todo atrás, en comenzar una vida nueva, es sólo una mentira recurrente. Es verdad que la espiritualidad de estar en otro lugar alimenta el alma, podemos ser guiados por la necesidad del conocimiento, pero aún en el lugar más profundo de este mundo seremos nuestro pasado.
Sin embargo, trasladarse del inmenso desierto a la profundidad de un bosque u océano, puede resultar en algo más que simplemente admirar la libertad y sentir con euforia el paisaje, pareciera que cuando emprendemos un viaje solos, no cruzamos palabra con nadie, pero ¿acaso no son esos los momentos cuando más conversamos con nosotros mismos?
Recorrer otra oscuridad, ver distintos amaneceres, dejar de mirar el reloj y guiarnos sólo por la luz del sol, da un nuevo aliento al andar que siempre permanecerá incierto. Pisar territorios desconocidos proporciona certeza sobre aquello que realmente extrañamos y verdaderamente amamos, aprendemos a valorar con gratitud cada suceso de la vida.
La sensibilidad regresa, el pensamiento se aclara, elevamos la vida a un respiro profundo que poco a poco se libera en el existir de cada huella que dejaremos al continuar el camino, porque sólo así sabremos que estuvimos ahí. El viajero es atrevido, en un intento por encontrar la felicidad le pedirá ayuda a las constelaciones, como solían hacer los navegantes para orientar su travesía, indicándoles así su destino. El momento en que abandonamos un lugar para partir a otro es, simplemente, un punto de referencia, separa el instante callado del inquieto, es la decisión de derrochar todos los sentidos de la condición humana para encontrar el sosiego del alma. Un dejá vu sucederá cuando percibamos que la realidad ha alcanzado el más profundo de nuestros sueños y veamos materializarse lo que antes era un espejismo del que solíamos escuchar hablar.
Es sabido que los planes evitan desvíos innecesarios, pero qué mejor cartografía que aquella que puede señalar un camino nuevo, al azar de lo que se puede encontrar e, incluso, la mala fortuna de perder lo más querido.
Todas las decisiones provocan una alteración en el tiempo, distinguiremos las correctas siendo fiel a nuestros sentimientos, habrá que confiar en nosotros mismos para atravesar cada puerta, quizá alguna lleve de vuelta al punto de partida, pero en esta ocasión, sin importar que haya detrás de ella. Nos aventuramos a cruzarla, el mundo parecerá ser el mismo, pero ya nada será igual, porque ahora somos diferentes, así como la percepción, visión y entendimiento de lo que nos rodea. Entonces al pensarlo detenidamente, el mundo ya no es el mismo, éste te ha cambiado y nosotros lo hemos modificado.
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