Hay quien dice que la música es al oído lo que lo dulce al paladar, algo que existe, pero que no es esencial; alguien dijo alguna vez que la vida sin música sería un error, sin embargo, eso que algunos escuchamos a diario puede llegar a ser mucho más que simplemente un placer auditivo.
Instrumentos de percusión, de cuerda y de viento, cantos litúrgicos y gregorianos han sido desde tiempos remotos un medio de expresión universal. La ópera, Mozart, el rock and roll, los bits, Bob Dylan, Kraftwerk, cada uno marca una época, un lugar e incluso una ideología.
La música siempre ha existido en todas las culturas, sus diferentes manifestaciones han transgredido barreras mentales, sociales, naturales; son un puente intermediario entre ellas.
Los sonidos han permitido al hombre evolucionar la composición de las estructuras del leguaje, concretamente del habla, pues son una cadena melódica de pensamientos, un hilado de partículas sonoras que ayudan a comunicarnos con los demás.
El alcance de las respuestas emocionales que puede tener un acoplado de sonidos en el estado anímico del ser humano es incuantificable, lo cierto es que no es nada que uno pueda ocultar, todos tenemos una selección precisa de aquellos sonidos que revuelven emociones, canciones que traen recuerdos a nuestra mente, que nos invitan a bailar, reír, cantar, llorar, o simplemente a bajar la mirada.
A través de nuestros oídos llegan las vibraciones que misteriosamente somos capaces de entender, sentir su intención e incluso identificar el estado de ánimo de aquel que las está produciendo, tal vez el secreto está en que recorren nuestra piel, y es el tacto quien les ayuda a llegar a su destino final, el alma.
No importa qué clase de música escuchemos, el ser humano busca los sonidos porque le gusta sentir emociones y quiere compartirlas, cualquiera que sea su idioma o género, no existen barreras, pues una melodía puede convertirse en un lenguaje universal, como lo pensó la NASA al transmitir hacia el cosmos “Across The Universe” de los Beatles. Hay quien dice que la música es al oído lo que lo dulce al paladar, algo que existe, pero que no es esencial; alguien dijo alguna vez que la vida sin música sería un error, sin embargo, eso que algunos escuchamos a diario puede llegar a ser mucho más que simplemente un placer auditivo.
Cada persona tiene, en su inmensa fonoteca mental, los sonidos de los que hablo, esos cuyo significado personal es muy profundo. Lo mismo puede ser una canción que el rechinar de una puerta, ambas cosas evocan recuerdos y ellos, sentimientos de alegría, tristeza, felicidad, tranquilidad, miedo… aquello que sólo el olvido puede borrar.
A pesar de las investigaciones que existen al respecto, aún no sabemos con exactitud cómo es que el cerebro procesa la música, pero me atrevo a decir que el hecho de que llegue hasta nuestra mente ha sido determinante para que haya evolucionado junto con el hombre a lo largo de la historia.